Nacido en un región de Colombia esencialmente de vocación agrícola, su familia vivía en el área rural de un pequeño Municipio denominado Combita. En razón a los 16 Kms de distancia hasta su colegio, su padre le regalo una bicicleta simple para que pudiera ir con más facilidad a estudiar.
En Colombia hay una gran afición por el ciclismo y en Boyaca, el departamento al que pertenece Combita, se han producido grandes ciclistas de talla mundial, por ello no es extraño encontrar en sus carreteras gran cantidad de ellos, muchos profesionales, entrenado y recorriendo muchos kilómetros.
Lo que nadie esperaba es que un muchacho con una bicicleta mucho más pesada y sin ningún entrenamiento alcanzara y pasara de largo en las cuestas a muchos de esos profesionales, quienes captaron de inmediato las habilidades de Nairo y rápidamente lo convencieron de ingresar en un sistema de entrenamiento regular.
Las sorpresas no se detuvieron allí, cuando fue medido en los centros de alto rendimiento deportivo de la región, la potencia de su cuerpo (vatios por kilo), rompió la máxima marca del dispositivo de medición. Se repitieron las pruebas varias veces suponiendo un error en los equipos, pero hoy sus enormes triunfos internacionales han dejado claro que la máquina no tenía ningún desperfecto.
Desde ese momento fue muy rápido el tránsito de Nairo hacia los mejores equipos de ciclismo en el mundo.
Me pregunto ahora: si en un ambiente corporativo aparece así de improviso un "Nairo"; que le sucedería?
La gran mayoría de las personas a las que les efectuó esa pregunta, casi siempre terminan entregando comentarios bastante irónicos respecto las situaciones surreales por las que tendría que haber atravesado y la alta probabilidad de ser desperdiciado y que terminara perdido en todas las "trampas" en la jerarquía corporativa.
En el fondo de esta situación subyace una gran paradoja, se supone que hoy vivimos en una era del conocimiento y todas las organizaciones en su gran mayoría siguen comportandose como instituciones de la era industrial. No importa cuanto se esfuercen por parecer otra cosa, cuando se llega a la realidad de como se comportan; como toman decisiones, todas siguen siendo un gran jerarquía vertical que continúa pensando que en general el elemento clave es la cantidad de capital disponible (1) y no las habilidades, inteligencias de todo tipo, capacidad y experiencia de las personas.
Me sorprendo de como casi cualquier persona entiende y acepta en el deporte como se toman las decisiones; solo con base en las capacidades de los individuos, pero exactamente esas mismas personas en un entorno corporativo se comportan de forma diametralmente diferente.
Ahora que estamos en mundial de fútbol los invito a leer mi próximo artículo: "Porque una empresa se debería parecer a un equipo de fútbol."
1. Excelente análisis de Clayton M. Christensen y Derek van Bever: "The Capitalist’s Dilemma" HBR 2014/6.